miércoles, 4 de mayo de 2011

Sleepless in la Roma

La luz del noveno piso sigue encendida, estoy despierta también, yo con la luz apagada, dolor de cabeza y sin indicios de dormir pronto. La luz del noveno sigue encendida y yo quiero ir a tocar esa puerta, porque la ventana del piso nueve se desvela conmigo noche a noche, apaga la luz y yo la prendo, prende la luz y yo la apago, jugamos, yo en el uno y el nueve allá arriba.

La luz del noveno piso sigue encendida, no creo que se desvele por pensar en quién sabe quién, no como yo, o por dolor de cabeza o porque la soledad le moleste sobre el colchón, el nueve arriba y yo abajo, en el uno.

En el nueve hay luz y no hay culpa por estar despierto, el insomnio no existe y no hay nada esperando, nada que exija la alerta matutina, el desayuno o las horas convencionales; yo, en el uno, oculto mi insomnio, lucho contra él y una parte de mi espera que mi mamá se asome y me diga "ya duérmete". Yo en el uno estoy sin dormir porque alguien me recordó que era vulnerable aún, sigo sin dormir porque alguien me recordó que ese caparazón es algodón disfrazado de piedra, yo en el uno sigo despierta porque quiero estar allá.

Encendí la luz y el nueve la apagó, la encendió de nuevo, yo la apagué y la prendí y la apagué de nuevo, el nueve la apagó y no la volvió a encender, pasaron los minutos, yo miraba su ventana con la sonrisa de un niño de cinco años a punto de prenderle fuego a su colección de soldados de plástico, me quedé esperando, uno, dos, tres, cuatro... mi sonrisa se transformó en la de una niña de cinco años cuando se da cuenta que algún día, tal vez muy lejano, va a dejar de existir, pero la luz se encendió y yo prendí y apagué también mi luz, el nueve y el uno quedaron iluminados a las cinco de la madrugada...

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

No hay comentarios: