PRIMERA ESCENA
Oficina cualquiera. Hay dos escritorios, uno más imponente que el otro. Sobre el más elegante está una caja de cartón con varios artículos. En el otro se encuentra la secretaria.
EL LIC: (Mientras recoge todas sus pertenencias.) Así que ya sabe Lupita, si quiere que ese gato viejo que tiene adorne su mesita de centro, nomás deme un telefonazo y yo sabe, para usted va a ser libre de honorarios.
LUPITA: (Afligida) Ay mi lic., de veras que yo no sé qué tiene que andar haciendo removiendo tripas de animales y dejándolos tiesos, ay no qué horror, tan limpiecito usted y ahora va a andar todo lleno de sangre…
EL LIC: Así es esto Lupita, ya son 30 años de este trabajo, bendito el día en el que ese curso por correspondencia llegó a mis manos, era lo que había estado buscando por mucho tiempo.
LUPITA: Ay lic, pues lo vamos a extrañar mucho aquí, sobre todo yo que…
EL LIC: (Limpiándose la garganta.) Así es esto, Lupita, así es esto… además, ya tengo mi primer cliente, esto de anunciarse por el internet funciona rapidísimo. Y ya me voy Lupita, no quiero llegar tarde con mi paciente. (Ríe y camina para salir.)
LUPITA: (Se levanta mirando a EL LIC.) Suerte con sus animales, licenciado.
SEGUNDA ESCENA
Habitación en casa de EL LIC., adaptada con mesas largas e implementos que podría utilizar un taxidermista. Suena la puerta y entra una mujer con una bolsa donde estará el animal a disecar.
EL LIC: Pase señora Rodríguez, ¿este es el animalito? (Toma la bolsa.) No se preocupe, lo deja usted en excelentes manos.
SRA. RODRÍGUEZ: Su anuncio es bastante explicativo, lo único que espero es que esté listo para esta noche, entienda usted que debe estar al lado del ataúd de mi marido en su funeral.
EL LIC: Despreocúpese usted, juntos murieron y juntos se irán al cielo. Ante todo el profesionalismo.
SRA. RODRÍGUEZ: El profesionalismo y la suma extra que me pidió para tenerlo a tiempo.
EL LIC: Ehem… señora, comprenda usted, la rapidez tiene su precio…
SRA. RODRÍGUEZ: Ni usted tiene problemas para pedir dinero, y yo mucho menos para pagarlo. Tenga esta foto, quiero que luzca exactamente igual.
EL LIC: Muy señora mía, su marido quedará encantado al verlo, bueno… es un decir…
SRA. RODRÍGUEZ: Póngase a trabajar de una vez, mejor, yo misma pasaré a recoger a “Rufito”.
EL LIC: Pero qué excelentísimo nombre para una mascota, señora Rodríguez, la espero esta noche.
La SRA. RODRÍGUEZ sale.
EL LIC. saca la mascota de la bolsa y la pone sobre una de las mesas. Coloca al lado un libro donde estará tomando las instrucciones para disecar al animal.
EL LIC: (A medida que va leyendo las indicaciones las va realizando sobre el animal.) Escalpelo… listo. Tijeras… listas. Pinzas… listas. Qué pocos instrumentos se necesitan para realizar una bella obra de arte.
Uno: realizar una incisión entre las orejas con el escalpelo hasta antes de llegar a la cola… ah, qué suave se desliza este bisturí, pobre animal, que ridículo se va a ver parado a un lado del féretro de su amo, las excentricidades que se le ocurren a los millonarios… total…
Dos: retirar cuidadosamente la piel hasta llegar a las patas, quebrar el hueso y cortarlo con las tijeras para no dañar el tejido… y esa señora Rodríguez sí que está bien, yo me aventaba a ser el Quijote de esa Dulcinea, y luego con esa fortuna, sin problemas podría dedicarme a desollar animalitos y ponerlos en un pequeño pedestal…
Pero qué desagradable sería vivir sin piel, bastante fea está esta cosa, además, éste se murió con la panza llena está muy bien alimentado, qué triperío…
EL LIC se asusta y deja caer al suelo sus instrumentos.
EL LIC: ¿Pero qué diablos hacen tres dedos en el estómago de un gato? Que yo recuerde la señora Rodríguez los tenía completos (Ríe burlón.) ¿Y ahora qué hago? No puedo dejar el trabajo a medias, me pagaron un lanón, pero unos dedos…
Se oscurece el escenario. Cuando vuelven las luces, se ve sobre la mesa el trabajo terminado. Suena el timbre, entra la SRA. RODRÍGUEZ
SRA. RODRÍGUEZ: ¡Pero qué precioso! Ha hecho usted una obra de arte.
EL LIC: Muy bien portada su mascota señora Rodríguez, lo raro fueron los dedos que encontré adentro de sus intestinos…
SRA. RODRÍGUEZ: ¡Maldito Jaime! ¿No pudo pensar en otro lugar que no fuera el estómago del gato para esconderlos? Estúpido mayordomo…
EL LIC: Mire, no voy a preguntar que fue lo que pasó, pero tendremos que llegar a un acuerdo…
SRA. RODRÍGUEZ: Dígame cuánto quiere…
EL LIC: No es cuánto quiero, sino qué quiero señora Rodríguez.
La SRA. RODRÍGUEZ observa fijamente a EL LIC mientras abraza más fuerte al animal disecado.
SRA. RODRÍGUEZ: Explíquese.
EL LIC: Sabe muy bien a lo que me refiero, ya estamos grandecitos y para que le niego que desde que vino y trajo a Rufito me quedé pensando en lo bien que queda a usted el luto.
SRA. RODRÍGUEZ: Alguien como usted preferiría el dinero, dígame la cantidad… Y además, precisamente por mi luto y por que voy en camino al funeral de mi esposo debe tener un poco más de respeto.
EL LIC: Fui abogado por más de treinta años señora, y eso que acabo de ver no es para nada normal, o usted accede, o marco a la policía, y eso de qué tan pronto esté de vuelta con su marido depende de usted…
SRA. RODRÍGUEZ: Siempre se puede alegar defensa propia y más si se sabe cómo manejar a un hombre…
EL LIC: Defensa propia es lo que le estoy proponiendo, usted saldrá de aquí libre de toda culpa.
SRA. RODRÍGUEZ: ¿No me va a dejar otra opción, verdad?
EL LIC se acerca mucho a la SRA. RODRÍGUEZ y comienza a acariciar al gato. Se lo quita de las manos mientras comienza a acariciarla y besarla. Poco a poco se acercan a la mesa y ella queda recargada en el borde. EL LIC la sube y al recargar ella sus manos toca la pinza entre los demás instrumentos. La SRA. RODRÍGUEZ la toma y mientras él la besa y acaricia sus piernas le toma dos dedos y los corta con la pinza. EL LIC grita, se observa la mano. La SRA. RODRÍGUEZ se baja tranquilamente de la mesa, se rasga el vestido y se rasguña el pecho.
SRA. RODRÍGUEZ: Recuérdelo licenciado. Siempre se podrá alegar defensa propia. Y quédese con Rufito, a lo mejor le sirve para guardar ahí sus dedos…

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