jueves, 7 de julio de 2011

070711

Estoy más flaco que nunca. Tengo una semana con dolor de cabeza. Mi piel está amarilla. Ya perdí la cuenta de cuándo fue la última vez que hablé con alguien, más allá de comprar cigarros o alcohol o de un ocasional "disculpe" en la calle. No sé por qué todos se extrañan tanto de que trate de entablar una conversación con ellos. Sé que ...mi aspecto no es el mejor, pero tampoco soy un monstruo. Hoy, mientras trataba de lavar mi cabello a la orilla del río, un hombre me pateó la espalda. Obviamente caí al agua. Tuve que permanecer horas y horas con la ropa pesada en una tarde de esas en las que el frío apenas comienza pero el cuerpo lo resiente de inmediato. Mi cuerpo está hirviendo pero estoy sudando. Tengo sed. Hay un niño pequeño jugando en una esquina del cuarto y creo que soy yo cuando tenía seis años. Que triste me veía a esa edad. Este sillón es realmente incómodo. Acaba de entrar el hombre que me pateó pero ahora trae una pistola en la mano. La recarga en el medio de mi frente. Siento el metal extremadamente frío. Me agrada. Él me dice que la escoria como yo no se puede salir con la suya. Le digo que me perdone, que nunca tuve intenciones de hacerle daño, yo solamente jugaba con ella, pero empuja con fuerza la pistola en mi piel y creo sentir dolor. Estoy sudando. No defino bien la figuras. En el cuarto hay una nube gris inmensa que vuelve espesa la realidad. Cierro los ojos. Alguien llegará a rescatarme en cualquier momento.

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