miércoles, 13 de julio de 2011

120711

Pocas personas han visto París de cabeza desde la punta de la Torre Eiffel. Admito que lo hago para preocuparte, para que por un momento te imagines cómo sería la vida sin mí y trates de impedir que mi sangre manche el Champ de Mars. Pero tú sólo sonríes, apuntas la cámara hacia mí y te alejas fumando tu cigarrillo. Te confesaría que más de una vez guardé en el bolsillo de mi pantalón las boquillas manchadas por tu labial rojo y espeso que hacía resaltar tus dientes minúsculos y separados. Atesoraba cualquier cosa que tuviera que ver contigo. Pero en este momento, tal vez por el viento frío o porque realmente siento roto el corazón, mis lágrimas caen sobre la cabeza de los turistas y por un segundo les hacen creer que la lluvia está por soltarse. Tu frialdad te permite seguir caminando sin volver la mirada hacia mí, pensando "ese cobarde trapecista jamás se atrevería", esperando que mi mano sudorosa tome la tuya en cualquier momento. Pero esta noche es mejor que te prepares para actuar sola la función

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