jueves, 30 de junio de 2011

300611

Fue así como el hombre sin cara la encontró con la cabeza sumida en la entrepierna de otro. Mientras imaginaba lo que sería sentir una lágrima cayendo por sus mejillas, él se asumió culpable del hecho. A fin de cuentas, una mujer necesita un rostro del que aferrarse.
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290611

No necesitó siquiera besarla para que dijera que sí.
Fue más bien una orden disfrazada de plegaria. A los minutos ella ya estaba vestida con un traje de circo. Se paró sin miedo frente al tablón y cerró los ojos. Lo último que vio fue a él con un puñado de dagas destelleantes en sus manos. Los aplausos y un silencio súbito le indicaron que el espectáculo comenzaba. Pero las dagas prefirieron el calor invitante de su carne a la madera vieja y crujiente.
Él retirará cada uno de los cuchillos mientras múltiples cascadas de sangre descienden sobre la piel de la enamorada.
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lunes, 27 de junio de 2011