300611
Fue así como el hombre sin cara la encontró con la cabeza sumida en la entrepierna de otro. Mientras imaginaba lo que sería sentir una lágrima cayendo por sus mejillas, él se asumió culpable del hecho. A fin de cuentas, una mujer necesita un rostro del que aferrarse.

This
work is licensed under a
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
No hay comentarios:
Publicar un comentario