Admito que me sorprendió la primera vez que comenzaste a deshojar y a masticar los pétalos de la rosa que te regalé. Tus labios y tu lengua tomaron un color escarlata tenue, pero que hizo que te vieras inmensamente
hermosa al sonreír. En ese instante supe que nuncaquerría separarme de ti. Desde ese día trato de regalarte una rosa o dos cada domingo. Algo así como tu postre de fin de semana. Y no es una rosa cualquiera, no.
Es una rosa sembrada por mí en mi propio jardín. Incluso yo la alimento, sí. Diariamente mezclo unas gotas de mi sangre con el agua que les doy de beber para que con cada pétalo estés también comiendo una parte de mí. Ya imaginarás lo que siento cada vez que lo haces, es como si viera todo en cámara lenta de tanta excitación que me produce saber que te estoy alimentando. Tú lo haces tan sonriente, tan ignorante de todo. Tu sangre con mi sangre siempre juntas. La más perfecta dosis dominical. Jamás te lo diré. Será un secreto entre las
rosas y yo.
hermosa al sonreír. En ese instante supe que nuncaquerría separarme de ti. Desde ese día trato de regalarte una rosa o dos cada domingo. Algo así como tu postre de fin de semana. Y no es una rosa cualquiera, no.
Es una rosa sembrada por mí en mi propio jardín. Incluso yo la alimento, sí. Diariamente mezclo unas gotas de mi sangre con el agua que les doy de beber para que con cada pétalo estés también comiendo una parte de mí. Ya imaginarás lo que siento cada vez que lo haces, es como si viera todo en cámara lenta de tanta excitación que me produce saber que te estoy alimentando. Tú lo haces tan sonriente, tan ignorante de todo. Tu sangre con mi sangre siempre juntas. La más perfecta dosis dominical. Jamás te lo diré. Será un secreto entre las
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