jueves, 14 de julio de 2011

140711

Admito que me sorprendió la primera vez que comenzaste a deshojar y a masticar los pétalos de la rosa que te regalé. Tus labios y tu lengua tomaron un color escarlata tenue, pero que hizo que te vieras inmensamente
hermosa al sonreír. En ese instante supe que nuncaquerría separarme de ti. Desde ese día trato de regalarte una rosa o dos cada domingo. Algo así como tu postre de fin de semana. Y no es una rosa cualquiera, no.
Es una rosa sembrada por mí en mi propio jardín. Incluso yo la alimento, sí. Diariamente mezclo unas gotas de mi sangre con el agua que les doy de beber para que con cada pétalo estés también comiendo una parte de mí. Ya imaginarás lo que siento cada vez que lo haces, es como si viera todo en cámara lenta de tanta excitación que me produce saber que te estoy alimentando. Tú lo haces tan sonriente, tan ignorante de todo. Tu sangre con mi sangre siempre juntas. La más perfecta dosis dominical. Jamás te lo diré. Será un secreto entre las
rosas y yo.


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miércoles, 13 de julio de 2011

130711

Soñé con una sirena y no he podido sacarme su canto de la cabeza. Tenía una cara tan hermosa que no sabía si era terror o fascinación lo que me provocaba. Jamás había visto un cabello tan hermoso ni una piel con ese color tan extraño. Era un blanco sin vida, un blanco absorbido por el mar. De permanecer un poco más en el sueño hubiera... podido ver su corazón. Incluso sus pezones tenían cierta transparencia. Escucho su canto a todas horas, no puedo concentarme. Lo tengo rodeando mi cerebro, de punta a punta entre mis oídos, incluso cuando abro la boca estoy seguro que dejo escapar una ligera melodía. He optado por dejar de hablar. Abro la boca para lo indispensable con temor a que se escape otra nota aguda y tormentonsa, para evitar que otro hombre la escuche ypierda poco a poco su voluntad. Anoche até mis pies y permanecí horas en la bañera tratando de sentir como ella. El agua y el frío comenzaron a volverme loco. Jamás mi cuerpo había estado tan arrugado. Pero el canto sigue y yo no puedo detenerlo. Tengo que encontrarla.



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120711

Pocas personas han visto París de cabeza desde la punta de la Torre Eiffel. Admito que lo hago para preocuparte, para que por un momento te imagines cómo sería la vida sin mí y trates de impedir que mi sangre manche el Champ de Mars. Pero tú sólo sonríes, apuntas la cámara hacia mí y te alejas fumando tu cigarrillo. Te confesaría que más de una vez guardé en el bolsillo de mi pantalón las boquillas manchadas por tu labial rojo y espeso que hacía resaltar tus dientes minúsculos y separados. Atesoraba cualquier cosa que tuviera que ver contigo. Pero en este momento, tal vez por el viento frío o porque realmente siento roto el corazón, mis lágrimas caen sobre la cabeza de los turistas y por un segundo les hacen creer que la lluvia está por soltarse. Tu frialdad te permite seguir caminando sin volver la mirada hacia mí, pensando "ese cobarde trapecista jamás se atrevería", esperando que mi mano sudorosa tome la tuya en cualquier momento. Pero esta noche es mejor que te prepares para actuar sola la función

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lunes, 11 de julio de 2011

110711

Dices que me quieres, que nadie te ha hecho sentir como yo y que tampoco nadie había hecho tanto por ti. Pero, ahora que te observo, no sé si vales la pena. Me domesticaste, me hiciste un hombre de ciudad. Y no de cualquier ciudad. Me volviste un ciudadano de Los Ángeles. Me presumiste ante tus amistades estrellas de cine, ante músico...s, artistas y demás personalidades que comenzaron a usar barba poblada y grandes cabelleras, haciendo de mí un ícono de la moda. De pronto, yo estelarizaba las películas más taquilleras del verano, amenizaba las mejores fiestas y todos querían estar a mi lado. Me volví millonario. Cambié los plátanos de mi desayuno por champaña y huevos escalfados. Comencé a usar reloj y a preocuparme por el tiempo y por mantener una buena figura y caminar derecho y usar las mejores marcas. Hasta me bronceo regularmente. Soy todo un californiano. Envolviste todo en un manto de amor y de felicidad de cuento de hadas. Y yo sólo quería complacerte, verte sonreír, retenerte a mi lado. Sin embargo, ayer que estaba cogiéndome a la sirvienta, extrañé mi lado salvaje. Extrañé andar desnudo trepado en los árboles, comer sin cubiertos, tener sexo a cualquier hora, en cualquier lugar, sin tanto protocolo y sin tanto pudor. Extrañé espulgar a mi pareja, tú no tienes nada de pelo en donde, por naturaleza, deberías tenerlo. Le temes demasiado a tu lado animal y haces todo lo posible por alejarte de él. Bastaría que pensaras, querida, que usaras ese razonamiento del que ustedes tanto presumen. Para mí, ya no eres más que una mona sin pelo y con buenas nalgas, algo tendría que adoptar de los hombres de aquí, pero que no sobreviviría en mi mundo. Es más, vamos invertir los papeles, vamos a ver qué tanto verdaderamente me quieres.
 

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080711

Estás enamorada de alguien que odia su rostro. Ya sabes que pienso que mi rostro seguramente es la cosa más desagradable del planeta. Del universo. De todos los universos. Te he hecho quitar todo los espejos de nuestra casa porque no soporto mirarme en ellos y ver ese par de ojos pequeños, minúsculos, con apenas unas cuantas pestañas para protegerlos. Y luego mi nariz, encorvada, gigante, llena de pelos y de sabe qué tantas otras cosas que se introducen cuando duermo. También están mis labios y mi lengua descolorida y mojada y resbalosa e incómoda. ¿Cómo te puede gustar tanto besarla? El cuerpo humano es maravilloso pero también es un contenedor de asquerosidades. Aunque si debo confesarlo, hace tanto que no veo mi cara que poco a poco he ido olvidándola. La descripción anterior podría ser entonces bastante imprecisa. Sólo tú lo sabes. Pero como ya lo dije, odio mi rostro y estoy por hacer algo al respecto. Aunque no estoy muy seguro de lo que ganaré sosteniendo un globo frente a mi cara mientras me tomas esta fotografía.
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jueves, 7 de julio de 2011

070711

Estoy más flaco que nunca. Tengo una semana con dolor de cabeza. Mi piel está amarilla. Ya perdí la cuenta de cuándo fue la última vez que hablé con alguien, más allá de comprar cigarros o alcohol o de un ocasional "disculpe" en la calle. No sé por qué todos se extrañan tanto de que trate de entablar una conversación con ellos. Sé que ...mi aspecto no es el mejor, pero tampoco soy un monstruo. Hoy, mientras trataba de lavar mi cabello a la orilla del río, un hombre me pateó la espalda. Obviamente caí al agua. Tuve que permanecer horas y horas con la ropa pesada en una tarde de esas en las que el frío apenas comienza pero el cuerpo lo resiente de inmediato. Mi cuerpo está hirviendo pero estoy sudando. Tengo sed. Hay un niño pequeño jugando en una esquina del cuarto y creo que soy yo cuando tenía seis años. Que triste me veía a esa edad. Este sillón es realmente incómodo. Acaba de entrar el hombre que me pateó pero ahora trae una pistola en la mano. La recarga en el medio de mi frente. Siento el metal extremadamente frío. Me agrada. Él me dice que la escoria como yo no se puede salir con la suya. Le digo que me perdone, que nunca tuve intenciones de hacerle daño, yo solamente jugaba con ella, pero empuja con fuerza la pistola en mi piel y creo sentir dolor. Estoy sudando. No defino bien la figuras. En el cuarto hay una nube gris inmensa que vuelve espesa la realidad. Cierro los ojos. Alguien llegará a rescatarme en cualquier momento.

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miércoles, 6 de julio de 2011

060711

Su cuerpo delgado luchaba por llegar al fondo, pero la falta de aire le recordaba que era a la tierra a donde pertenecía. Su piel dorada era la más hermosa que había visto, cubierta de vellos rubios todavía finos, lo que le daba un aire infantil que contrarrestaba lo seductor de sus ojos azules. Dieciséis años parecen mucho cuando se tienen, pero él no era más que un pupilo obediente y deslumbrado por mí y por lo que le enseñaba del mundo. Confieso que no eran más que frases baratas inventadas en el aire, pero que lo hacían sonreír y mostrarme esos dientes grandes y blancos que me recordaban las conchas que crujían bajo mis pies en Río de Janeiro. Verlo mojado y envuelto en ese olor a mar me obligaba a tomarlo de la mano y esconderlo por horas enteras en mi alcoba. Nunca olvidaré las tardes infinitas en las que mis labios sabían a sal y a sol y se convertían en un ladrón que robaba inocencia.
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